14.10.12


Oscurece y tengo miedo de pisar los animales que mató el huracán. Te abriga una campera robada y para mí esa es tu piel (el algodón negro es una esponja que me chupa de a poquito).

Pasarías la eternidad frente al agua que come la orilla, pero soy impaciente y lo que no veo no existe.

9.10.12


I.

Me mudaron a un departamento de un sólo ambiente
en un edificio en el que todos trabajan y nadie vive.

Me dijeron que así era mejor para mí
y me olvidé que ya tenía una casa.


II.

Atrás del humo de las ocupaciones mudas
hay una foto vieja de lo que nunca fui.

Yo soy los rayos de sol en mis piernas
y las flores en mis pulmones.

8.10.12


Escribí una lista de tareas incompletas
pero yo fui la única que pudo cruzar el río
y me río de ella, muerta y amarga sobre la mesa.

Mi oído derecho está adherido a la tierra
que calla.

Germinaría en mi cuerpo fértil el hastío
si no fuera por las cigarras nocturnas
que amordazan con sus alas mis vestidos.

26.9.12


Me queda un intento
pero es el intento del cazador,
en esta selva seca.

Tengo las piedras que mi abuelo
guardó viejo en el hueco
de la pared del patio.

Tengo los dedos quebrados
y la fuerza para dejar
que caigan mis uñas en el pasto.

Me queda una noche
pero es la noche que despierta,
en este charco y hacia todas las lluvias.

21.9.12

Los alambres de los paraguas
no resistieron la tormenta.

Cada vez que una guerra termina
los soldados quedan tirados en la vereda.

9.9.12

El día que me muera
mi saliva seca
va a embarazarlos de mí.

Mujeres y hombres
me abrigarán
en sus vientres.

3.9.12


Llueve en la orilla del mar. El viento es agua, la arena es agua, los perros negros que me escoltan son agua. La luz del faro no enciende e intuyo barcos que naufragan en lo oscuro. Todavía hay luz y lo que explica esta quietud no puede decirse con palabras. Tengo guardada la humedad de los siglos. Vos, allá, también sos una casa vieja.

Ni el demonio podría encender hoy una llama en este abismo.

2.9.12

Crío pájaros en mis manos.
Ellos vuelan y a mí me come la tierra.

24.8.12


No llego a identificar
cuál es la parte del cuerpo
por la que me entra el mundo.
Acá, en este planeta giratorio.
¿Cómo no vamos a estar mareados?

16.8.12


Tomo a las 8 de la mañana un colectivo sobreperfumado. Camino con la convicción de las piedras, con la seguridad de las piedras de ser lo que son y de hacer lo único que pueden hacer. Acá y ahora, la misma verdad que la ciencia va a descubrir nunca. 

Nieva hace casi diez días. Todo está acumulado en las esquinas, hasta la basura es blanca y no sé si en mi pelo tengo agua o canas. La colonia barata me sostiene los pies. Esto es lo que tengo: la calma del resignado.

8.7.12


9 de julio, 2.23, aire frío y noche negra, ay tan negra: la relatividad es relativa.

4.7.12


Vi la realidad de los locos sin párpados.
Tengo un grabado cerebral reproducible.
Tengo el manual de instrucciones del anormal
y voces habladas por otras voces.
Hay sólo un hombre que es Dios y dijo todo.
Hace miles de inviernos, cuando no existía el invierno.

25.6.12


Mi cuerpo imita
el movimiento incompleto
de una bala perdida.

Mi trayectoria es de azar.

El estómago del mundo
quemará con llamas negras
las paredes que nos protegen.

Detengo el agua en mi garganta.
Insectos ansiosos e informes
esperan la señal final.

9.6.12

Las uñas despintadas
lavan la ropa ahogada
en el balde azul del vecino.
Esfuman el humo,
deshacen apresuradas
el ovillo de lana.

El instinto adormecido
y la nieve fantasía
son el cotillón
de una fiesta impensable
en la montaña,
en la mente,
en el inicio.

Esta costumbre de detenerse en todas las cosas.

No hay drogas
ni música ni amigos,
sólo un rostro desconocido,
un hombre viejo y dulce
de imaginación imprecisa,
un hijo de libros impuros.

Ojos grises profundos
detienen en mí
sus pupilas sin disculpas,
sin cariño,
y sin embargo
mirarlos
es entrar a mi casa en invierno.

Esta obsesión por escapar de la unidimensión.